lunes, 29 de diciembre de 2014

Andábamos por las viejas calles de la ciudad.
Había un callejón demasiado estrecho, por donde mi alma no cabía. Pero la de él sí. Porque se había olvidado de que existía, porque ya no le pertenecía. Y la mía, que nunca deja de estar a mi lado, decidió dar la vuelta y dejar que él se estrechara y anduviese por esas zonas frías.

martes, 23 de diciembre de 2014

Y como cada viernes, me senté en la silla más lejana en la taberna. Pedí, como siempre, dos cervezas, una para mí y otra por si decidías venir.
Se abrió la puerta del bar, y sabía que iba a ser especial, porque aparté la mirada de mis manos y la fijé en sus ojos.
Se sentó al lado de mí. Vestía de negro, con una gabardina larga oscura, y unas botas poco comunes. Labios rojos sin carmín.
-Soberano, por favor.
Me enamoré de ella.
A veces miraba de reojo y me parecía verla bailar sin moverse.
Imaginaba cuál sería su nombre, pero no creía poder acertar.
Se parecía mucho a mí.
Y yo, como cada viernes. Con traje y gabardina, y mis zapatos de charol más caros y viejos, aunque lo último siempre ha sido un secreto.
Para las tres yo ya iba servido, y ella con unas copas más encima, y también más cerca de mí.
Se levantó. Pagó y abrió la puerta sin girarse, aunque sus pies marcaron la dirección de a dónde iba para mí.
Apuré la cerveza de un sorbo.

lunes, 22 de diciembre de 2014

¿Cuándo te cansaste de verla girar?

Has crecido. Tus manos se han hecho más largas. Tu pelo está más despuntado y menos brillante. Tus labios están más agrietados y tu piel más envejecida.
Te sientas en el borde de la cama, y sacas una vieja caja hecha del polvo que tú has creado, que hay debajo de ella.
Ahí está. Ahí la ves.
La caja musical a la que siempre dabas cuerda, para que la bailarina girase, y girase sin perder el compás, ni la cabeza. ¿Cuándo te cansaste de verla girar, sonriente? O de darle cuerda...
Y al final, te das cuenta, que todo acaba, o si no, te cansas de todo. Que olvidaste a la bailarina como olvidaste a otros, como otros te olvidarán a ti. Que los juguetes que regalaste a tus vecinos hoy los echas de menos, pero los que tienes encerrados y acumulando polvo, no sabrías decir cuáles son. Que somos así. Que nos cansamos de dar cuerda, incluso sabiendo que con eso hacemos girar a alguien, y hacerle feliz. Y ahora no digas que eso "es cosa de niños", pero aquella bailarina está en todas partes, quizá también eres tú, quizá también está dentro de ti.

jueves, 18 de diciembre de 2014

No te fíes de los espejos, que no saben con quién estás.

Te sonrío, y sé que me estás mirando. Y en las noches de invierno me encanta acariciar tu piel desnuda, mientras me besas.
El espejo no te refleja cuando siento tu aliento a mi lado. Y suspiro.
A veces tengo miedo.
Quizás existas.
Quizá sea yo.
Quizá no.
Pero solo la brisa puede decir que estás, porque ni tú ni yo podemos. porque ella se ceba contigo, porque pasa sin tocarte y no eres ningún objetivo que esquivar, porque no te veo cuando ando, pero te siento cuando no te puedo besar.

martes, 16 de diciembre de 2014

¿Ves una luz?

Comienzas a pensar que el paracaídas en realidad, nunca se abrió.
Entonces suspiras como si estuvieses vivo, o como si nunca te hubiese hecho falta resucitar.
¿Estás muerto? Eso nunca lo sabrás. Ni si quiera cuando lo estés en verdad.
-¡Ya está bien! -Gritas. Como si a caso eso algo lo pudiese cambiar.


                                                            ¿Buenas noches, descansa?

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¿Y qué harás?

Las chimeneas vierten confetis grises, y los cromos se despegan de la pintura azul.
Las persianas bajadas, que no nos moleste la realidad de la noche. Mejor enciende una luz que no sea natural, no les vaya a gustar.
Los ojos se hacen más grandes mientras la venda que nos ponen es más ancha. ¿No tendrás unas tijeras en la caja fuerte prohibida?

Podríamos alimentarnos de libros y no de comedia, podríamos dejar que la leche hirviese sin preocupación, que quemarte los labios suena bonito, y mejor repitiéndolo, sin prisas.
Podríamos pasarnos con en azúcar en el café, o incluso no añadírselo.
Quién sabe. Podrían quitarnos las esposas los que tienen la llave.

Sabía a café.

Llegué a la estación de tren, y me senté en el primer banco que vi con peor pinta. Las tablas por la mitad y la pintura casi visible si no fuese por las pintadas de alguien.
Se acercó un hombre de traje nuevo, pero sombrero viejo. Se acomodó al lado mío.

-¿Fumas?- Dijo aquel.
-Buena forma de entablar conversación- Pensé yo. -Sí- Respondí mirando sus manos.
-Ten, invito yo a este- Respondió. Como si a caso nos fuésemos a fumar más de uno.

Me preguntó mi nombre, me miró a los ojos y se quitó el sombrero.

-Un placer habernos conocido- Dijo sonriente.
           Me entregó su sombrero, y se fue sin decir -me debes uno-.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Despedida.

Las cortinas han vuelto a dejar que se asomen tus pies por debajo de ellas.
He quitado el espejo que había en la pared de mi cuarto, me da miedo mirarme y verte en mis ojos, aunque aún más no verte, porque ya no habrá rastro de nosotros.
He pintado el lienzo de blanco y negro, no quiero volver a ver el color de tus ojos, porque son mucho más bonitos cuando está en mis sueños, porque puedo tocarlos, porque puedo asombrarlos detenidamente, mientras sin querer suena un piano de fondo, acompañado por su amante violín.
He quitado el despertador de las ocho menos cuarto, porque cada vez que nos acercamos a una hora justa, me acuerdo de ti.

He quitado y he puesto cada trozo de mí,
para saber cuál hace falta para no acordarme de ti,
para entender que el viento siempre marcha,
y nunca tocamos algo de la misma manera
en la que lo dejamos caer.
Para saber, que hoy es hoy,
y que por su culpa ha dejado ser ayer.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Ven, y acaríciame la piel.

Ven. Ven... Abrázame, no sé. Agárrame la mano y guíame por el camino de llegada a casa.
Ven. Ven... Tócame los labios, no sé, acaríciame el cuerpo sin temor ni remordimientos.
Ven, sí, ven ahora. Cruza tus dedos entre los míos y susurra que aún no te has ido.
Ven, corre. Acércame el aire frío, que me gusta más. No sé. Protégete con mi piel caliente mientras me enfrías. Hagamos un cambio de temperatura los dos, que yo quiero ser como tú, y tú ya estarás cansado de congelar.
Vamos, cariño. Susúrrame un "te quiero" al oído, o algo parecido. Que solo quiero saber que aún no te has ido. O que ya has vuelto. O que siempre has permanecido.
Y dime, cariño. ¿A cuántas palomas has levantado el vuelo? Y a cuántas mujeres la falda... y has acariciado sus cabellos. Sí amor, eres como la poesía, siempre infiel, pero ¿qué se le va a hacer? si aunque no quiera siempre te llevo en la piel.
Amor, bendito amor. Te encuentro en todos los lugares sin verte, y sí, sé que me quedaría sin respiración observar tu mirada, ¿a caso puedes decirme de alguien que se haya atrevido a hacerlo? o a intentarlo, o simplemente a pensar en ello.

                                                                                  Y no, amor. No hablo de ti.
                                                                                                  Hablo del viento.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Hablemos de ti.

Y la Luna está de espaldas, y hoy no te he visto. Mientras, conté los versos que me faltan por escribir sin pronunciar tu nombre, pero lo he escrito.
¡Y qué puta la Luna! Que está de espaldas y yo de frente y no te veo.
Dime, ¿ella te ve? Que alguien me lleve a donde está, que yo también quiero mirarte, y verte dormir, mientras en sueños, sin querer, pronuncias mi nombre en gritos, pero en gritos de amor y sumisos, sin causar daño mas que a tu garganta, la que produce la voz de hogar.

Tu voz... me encantaría poder definir tu voz. Es como leña al fuego de invierno, como el rayo que se cuela por las rendijas de la ventana, en tu habitación a oscuras y que no escuece, si no que te despierta de una forma mágica. Tu voz... como preso que acaba de cumplir su eterna condena, como cuadro antiguo que cada vez que lo miras descubres un color nuevo y gratificante, gratificante... Es tan bonito escucharla, como cascada de agua en la montaña a solas, como la lluvia de un domingo sin la preocupación de pasar frío, porque abriga. Como libro escrito en un idioma que nadie sabe descifrar. Es tu voz.
Y si hablo de tu voz, debo añadir algo sobre tus labios fresa. Si. Esa fruta tan especial, que es la única que tiene las semillas a su alrededor, y no en el centro. Tus labios, como piruleta de corazón. O, tus labios, del color tan intenso como el líquido que recorre mis venas. Si. Si lo pienso así, seguimos estando unidos.
Y si hablo de labios, debería hablar de tus manos porque besabas las mías, o de tus dientes cuando los mordías, o de tu nariz que es quién más cerca está... que envidia tengo a tu nariz, que puede saber cuando respiras por tu boca, que puede oler tu aliento, y sabe lo que pronuncias y lo que callas. Tu nariz, que también me encanta.
Y si hablo de tu nariz, ¿por qué no hablar de tus ojos? Tus ojos... Reflejaban la esperanza en un pestañear, y la ignorancia de saber de que te estaba mirando y susurrando cuánto de te quería. Tus ojos, que demuestran firmeza y un así, siempre quedará este toque en ellos de niño pequeño. Y tus ojos, que estallan universos de color.
Y si hablo de tu voz, de tus labios y tu nariz, si hablo de tus ojos sin hacer juicio, amor, no quiero intentar hablar de ti.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Ten, me cedo.

La ausencia se ha apoderado de mi almohada, y la soledad, siempre me abraza por detrás. Cada vez que me atrevo a mirar por la ventana, la veo a ella tan bonita y delgada, feliz, y doy un paso atrás. No, amor, no te temo. Solo quiero llegar hasta ti sin que me veas. Eso es un juego, y ninguna sabe quién lo empezó. Si, esto es un juego que empieza por mi, y acaba en tu pozo de turrón.
Cada noche, amor, me acuerdo de ti. A veces me encantaría darte la mano y andar sobre el fuego, y sentirme yo también inmortal. Ángel oscuro, ¿cuándo has de salvarme? Te estoy esperando desde hace ya tres vidas y dos mundos, o quizá solo sea así ante mis ojos.

Eres como una niña caprichosa que siempre quiere una chuchería más, 
y yo te la estoy regalando.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Me sobran suspiros cuando faltas tú.

Estoy cansada de no mirar tus ojos. De la tonta costumbre de preparar dos cafés, y que solo se vacíe uno. Estoy en la cama, y no hay pies que rocen los míos. Ya no sé donde dejar las cartas de amor que escribo; ya no está tu ropa doblada para esconderlas por sus bolsillos. Ya no hay ninguna corbata en el picaporte de la habitación a partir de las doce, y la puerta al mirarla, parece vacía y triste. Ahora me sobra medio cigarro de cada uno que enciendo. También me sobran los labios con los que te besaba, y las manos que ahora en invierno se me congelan. Te entrego unos cuantos mechones de pelo que acariciabas, o que cuando me besabas se interponían en nuestros labios por envidia. Me sobran las mejillas si no están en ellas tus caricias. Incluso te daría mi nariz fría desde que no recibo tus besos en ella. Me sobran dos álbumes de fotos, porque ya no sé con quién mirarlos, y reírnos un rato de alguna cara tonta. No me hacen falta el teléfono, si no es tu voz la que suena cuando respondo. Me sobran diez dedos con los que ya no acaricio tu espalda, y dos pies si ya no puedo pisarte. Me da igual que esté la Luna llena si ya no comparto las buenas vistas con tus ojos. Sí. También me sobran los ojos, y me faltan los tuyos.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Te vi reflejado en mis pupilas, pero era de noche.

Y la sombra se ha vestido de negro,
para bailar un vals con Satanás.
Y mi pelo se ha enredado en el viento,
y tu aliento marca su compás.
Y descubrí, que un suspiro
en su pausa comenta
que ya no hay marcha atrás.
Y que mi retina, cada día,
quiere recibirte un rato más.

Pero entonces, te vi reflejado en mis pupilas, pero era de noche. Y el viento me ponía los ojos algo llorosos, y te caíste en el precipicio de mis mejillas frías, sin tus manos ardientes. Y ya no consigo averiguar quién eres, porque llueve, y no consigo encontrarte entre esta multitud de gotas sin alma, sin dueño, frías... Quizá deba esperar a que se evaporen, porque entonces, solo quedarás tú.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Y como siempre, preferimos leer entre líneas.

Mientras, mi mundo estaba lleno
de locura, de amor y tentación,
de pasión y de un toque de
cordura en locos, y no en cuerdos,
mis cuadernos estaban llenos
de sentimientos que
no podían resistirse
a navegar
por la tentación
de las vocales emparejadas,
dando la manos a las consonantes
 tan odiadas y olvidadas.

Las palabras sonaban más fuertes
que tus suspiros,
los que ya no están...
pero los poemas permanecen,
y quiero leerlos.
Leímos un "te quiero" tan cuerdo
que se hace insignificante
ante tu mirar.
Hasta que lees entre su espacio
y quieres buscarle otro sentido,
que te llena de satisfacción...
no como tu aliento
quemándome la nuca,
que incluso algunas veces
me hizo quemaduras 
por el placer de mi cuerpo,
pero solo era eso,
placer en orgasmos insignificantes,
que no tenían motivo más
que el de disfrutar
de una manera
un poco absurda.
Pero encontré algo,
algo...
que producía mayor placer
que el que me besases
las manos, y el cuello, y la espalda...
porque en realidad, aquello solo eran
gemidos,
besos empalagosos
y escalofríos,
piel de gallina.

                                                                                                        Dedicado a L, por aquel sábado.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Y como siempre, uno nace mientras otro muere.

En la ventana hay mil lágrimas que el cielo ha disparado, con complejo de las flechas de Cupido.
Los colores estallan en el corazón, y yo qué sé por qué, si lo veo todo gris.
El cuadro de mi habitación se ha movido, ha cobrado vida para decir que se arrepiente, pero que las pinceladas del autor eran blancas, negras y grises, y que no pudo resistirse a la necesitad de sentirse vivo, aunque sea triste.
El espejo se ha cansado de reflejar a quien antes no era, dice que mi mirada ha cambiado. En eso coincidimos, aunque quizá es un truco del diablo para hacerme rabiar, o de su voz para hacerme pensar.

Lo siento, pero algunas partes de mi ya han muerto, y algunas cobran vida, como en todo, como siempre.

Ya no miro por la ventana cuando el sol ilumina con sus rayos de luz, quizá vaya a quemarme, quizá me haya acostumbrado a estar a oscuras, a ir a tientas...
Creo que su voz ya ni si quiera puede calmarme. ¿Sabes? Hoy he vuelto a soñar contigo, y me encanta, por lo menos sé que en alguna parte te va bien.

Mil veces he pensado ya en desgarrar las cortinas blancas, para dibujar estrellas y pegarlas en la pintura verde de mi techo, quizá brillasen, quizá me hablasen por las noches.
Mi piel es blanca, sus ojos verdes y hacían el convidado de invierno más bonito, y no veas como abrigaba eso.

Ahora, las tormentas ya no mojan, pero arrasan con todo.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Agrio, pero con dulzura.

Él era el caramelo que nadie llega a comprar pero todos han probado, el caramelo que te irrita la garganta con su sabor tan agrio, tan amargo... pero que te llena se satisfacción.
Él era el caramelo que, depende en el tiempo en el que estés, dura un largo o corto tiempo. Cuando lo mantienes en a boca, a ratos no lo disfrutas porque estás ocupado entablando conversación, pero a continuación, su sabor tan incomparable te llama para que lo degustes. Y cuando lo terminas, necesitas otro más, y al final acaba siento una adicción. Pero, de repente, como eres la única que te atreves a comprarlos, dejan de venderlos, y te quedas sin ellos.
Entonces, vas probando otros caramelos: de fresa, de limón, de menta, caramelo... Pero ninguno consigue saciar ni es comparable con ese sabor tan exquisito y placentero que tenía.
Te has quedado sin el mejor caramelo que jamás has probado. Entonces, pruebas otros caramelos, pero ninguno es tan grato como este. Comienzas a pensar que nunca más probarás algo tan exquisito... ni tan si quiera cuando tienes en frete tuyo tu plato preferido, pues se ha vuelto una adicción, una obsesión... necesitas encontrar otra vez el caramelo, que aunque nadie lo sabe, es perfecto para ti.

martes, 4 de noviembre de 2014

Amor.

He deshecho ya la cama, y he colocado pétalos de rosa sobre ella. En la mesilla incienso, con un par de velas. Para ti. Sé que te gusta.
Estás tumbado sobre ella, puedo verte. Me acerco y acaricio tu tez fría de porcelana, de terciopelo. Te quedas dormido, y te miro. Sé que sabes lo que estoy pensando, sé que me estás viendo, pero estás dormido, y yo te estoy mirando. Me sumerjo en tus sueños, y de nuevo, ahí nos encontramos. Te sumerges en mis pensamientos, buscando la habitación más cálida para hacer, los que algunos llaman, poesía de enamorados. Nos encontramos en todos los lugares, pero siempre es cuando estoy a solas. Cariño, cuando te busco en las calles solo eres sombras, no sé si eso debería de asustarme. Te busco en una multitud agobiante de gente clónica, intentando encontrar algo diferente, te busco. Creo encontrarte y te desvaneces, como si fueses humo. Eso me corroe las entrañas. Pero llego a casa, y te veo tumbado en la cama, adormilado, y eso me tranquiliza. No te imaginas la paz que eso me transmite. Acaríciame. Prometo no olvidarte nunca, aunque no sepa quién eres. Y tú, ¿me olvidarás? me jugaría el cuello a que no, amor. Sé que deseas encontrarme por las calles cercanas a tu portal, lo sé. Sé que también estás enamorado, y que también escribes sobre mí. Que me buscas. pero dime, amor, ¿qué ves? ¿son mis sueños, a caso, tu vida? dime si son las calles que sueño, por donde tú danzas y me buscas. Si los dibujos que trazo sobre superficies lisas, sin pretenderlo, sin significado, a caso son recuerdos tuyos. O dime amor, si a caso nos cruzamos en otra vida. Si por eso adoro algunos colores, si nos besamos en invierno, o con el cielo rojizo. Dime amor, si algún día llegaré a encontrarte de nuevo.


                                                                  Adiós, amor. Te veo en mis sueños,
                                                                                       o cuando esté a solas, 
                                                                                             o por algún verso.
                                                                                                                  o, ...

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Qué piensas cuando piensas?

Tranquilo, mis huesos ya se han quebrantado.

¿Qué piensas cuando el humo fluye por el aire de tu habitación? Esos hilos grises que no se pueden atrapar, que parecen inexistentes, pero los ves, los tocas y se esfuman... ¿Qué piensas cuando miras al techo? ¿lo has cambiado de color? sería bonito que hubieses puesto una fotografía nuestra. Aunque yo ya las he quitado todas. Aun así, eso no sirve para evitar martirizarme.
¿Qué piensas cuando miras al cielo? cuando el Sol ciega tu vista... O cuando miras a una farola y aparecen rayos, y círculos de colores, como arcoiris diminutos.

Tranquilo, mi vista se ha nublado.

¿En qué piensas en las noches largas? En las que hace frío, y la nostalgia y la soledad se encuentran en cada parte de tu habitación, cuando se encuentran incrustadas en las cortinas, en los cajones de la cómoda, en la mesa blanca al lado de la pared, cuando te hacen compañía entre las sábanas... Dime, amor, ¿las prefieres a ellas que a mi? Un trío dicen que no está mal, creo que suele gustar, pero ¿has llegado a quererlas? ¿y a mi? Ellas también están conmigo, y lo peor es que me hacen más compañía que tú, incluso a veces me llegan a preguntar que qué tal me ha ido el día, creo que me tienen algo de cariño. A veces, cuando no están, las he llegado a echar de menos, menuda tontería, ¿verdad? pero ya sabes como soy, si no están no podría escribir esto, ahora mismo. A veces creo que no te olvido por eso mismo, cariño, eres mi inspiración. Como mirar el humo gris de mis ducados negro, o como mirar al techo sin verlo, dejar la mente en blanco mientras los pensamientos pasan durante segundos por tu cabeza, uno tras otro, otro tras uno, tú tras tú...

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Estás aquí?

Puedo notar aún tu aliento quemándome la nuca. Desde entonces suelo encender velas, y acercarme a ellas. Acariciar sus llamas con la yema de mis dedos. No es igual, pero de todas formas, quema.
Siento aún el viento, que me susurra "te quiero", con tu voz. Con tu voz... No es igual, lo prometo, pero me siento como en casa, como si el viento fuese mi hogar, como si fueses tú.
Puedo notar tus manos en mi cintura, lo juro. Hasta que me doy cuenta que solo son las sábanas suaves, que acarician mi piel intentando ser tus manos, quizá tengan complejo. Prefiero tus manos antes que a ellas, aun así me protegen.
Puedo notar tu mirada quebrantando mis pupilas, rompiéndolas cada vez que las miras, por no soltar un "te quiero tanto..." de esos que sentía. Sí, las sigo sintiendo. Ahora mismo, están a mi derecha, me miran... no quiero mirar, no quiero ver que en realidad no están, que ya no estás, que te he perdido...

Matar a alguien y dejarlo vivir...

Y ves a la víctima, muriendo, tiritando y con los ojos gritando, sin decir nada.

Y me ves. Y pasas la vista por encima del hombro. Después, miras a tus pies. ¿Sientes vergüenza? Quieres ser valiente, lo sabes, lo sé. Pero quizá sea normal que después de haber matado a alguien, no puedas mirarle a los ojos, y ver como están rotos, por tu culpa.
No sabes mirarme, ni hablarme, al igual que yo no sé perdonarte, ni dejar de pensarte.
La sangre que corre por mis venas pide ayuda para salir, tú se la concediste, sí, pero yo tenía miedo.
Abandonar mi cuerpo, mi mente... fluir por un mar donde no hay nada, ni si quiera mar. Un agujero negro. ¿Qué habrá? Suena tan bonito y aterrador, que me pone los pelos de puta. Al igual que en el momento que me mataste. Fue bonito, no lo niego, pero tuve tanto miedo al saber que te perdía... ¿te he perdido? a veces pienso que no, ¿tu alma está conmigo? no la veo... aunque a veces la siento, sí, que raro, ¿no? la siento, te siento, pero no estás, ya te has ido muy lejos, y ni si quiera eres capaz de mirarme cuando paso cerca tuyo, con un paso tranquilo. Ríes, miras al suelo, hablas a tu amigo, haces mil cosas, pero no me miras. Te vuelvo a preguntar, ¿sientes vergüenza? yo también la sentiría si fuese tú, si estaría en tu pellejo. Es tan cruel matar a alguien y dejarlo vivir, tan cruel... que manera más bonita y dolorosa de asesinar a alguien. Estoy asombrada, lo juro, fue tan bonita la manera en la que me mataste...

jueves, 23 de octubre de 2014

Te esperaba, como siempre. Y no estabas.

Que ganas tenía de que sonase aquel ruido tan molesto que perfora mis tímpanos cada vez que se produce, que ganas tenía de que sonase la campana de aquella especie de cárcel de estudios, para salir pitando como si la lava ardiente me estuviese pisando los talones.
Tenía ganas, sí. Me moría de ganas de salir de allí, llegar a casa y verte tan guapo en el banco de siempre.
Al final sonó. Cogí mis libros y los introduje en la mochila, apresurada. Salí pitando de allí, como si llegase tarde tarde a una cita con el diablo. Corriendo. Encendí un cigarro por el camino, y llegué al banco donde te esperaba.
No estabas. Como siempre. Y me sigue asombrando que no estés, como si hubiésemos quedado y yo ya llegase tarde.
Pero como siempre, soñé que ahí estabas, y me volví a confundir. Te imaginé en aquel banco, y te vi levantándote a mi llegada, pero tampoco estabas. Como siempre. Otra vez.

miércoles, 22 de octubre de 2014

El dolor, es el sentimiento que más vivo te hace sentir.

Se despertó por la mañana. Y el frío se impregnaba hasta en sus huesos. Pero ya no era hoy, si no mañana. Mañana por la mañana. Y no quería. No quería...

Se despertó por la mañana, con ansia de que el despertar solo fuese un sueño, no quería que fuese realidad, -otra vez no- decía, -otra vez no...-.
Hacía mucho, mucho frío. Más que en los amaneceres de invierno. O quizá solo ella lo sentía. Tiritaba. Tiritaba... tanto como un hombre con hipotermia. Pálida, pálida, como nieve, como folio en blanco, como algodón. Tenía miedo, mucho, mucho miedo... pero solo a vivir. Nunca le enseñaron, y tampoco aprendió a hacerlo. Le gustaba estar en la cama, mirando al techo. Nunca dijo lo que pensaba. Tampoco quería hacerlo. Era lo más parecido que ella sabía sobre vivir. Y escribir. Y sentirse vacía, y rota. ¿Sentirse? Lo estaba. Pero le gustaba. Ella no quería curarse, no dejaba que la herida sanase. Le encantaba. Porque el dolor, es el sentimiento y la emoción que más vivo te hace sentir.

martes, 14 de octubre de 2014

Otra vez, otra vez, otra vez...

Está nublado,
otra vez.
Y mis ojos desembocan en alguna parte.
Está nublado, otra vez, y vuelve a llover.
Qué bonito este paisaje... y qué melancólico, y doloroso.
Está nublado, y comienza a llover,
otra vez,
al compás de mis latidos.
Y mis latidos gritan tu nombre,
otra vez, otra vez, otra vez...
y de nuevo, nadie lo oye.
¿Quién es capaz de escuchar los gritos de unos ojos?
Y los gritos que se callan...
El cielo truena, y a la vez mi rabia suspira que vuelvas.
Mi rabia truena, mis latidos llueven,
mis ojos son relámpagos sin luz,
y el cielo está nublado, como siempre.

jueves, 9 de octubre de 2014

Llueve.

Llueve. Pero no llueve sobre mojado. Las lágrimas arropan los folios congelándolos de frío. Emborronan y dispersan la tinta que en ellos se encuentra, convirtiendo lo que fue escrito en fantasmas oscuros, de tinta negra. Como almas en vela, en pena, en una condena que nunca termina.

Llueve, pero las gotas no caen del cielo gris, caen de mis ojos acariciando lentamente mi rostro, como si fuese de porcelana. Las gotas saladas caen sobre folios entintados, convirtiendo versos en espíritus malvados y tristes.

Llueve, pero no llueve sobre mojado. Llueve dentro de mi. Humedeciendo, oxidando y corroyendo lentamente cualquier parte de mi interior que aún sea capaz de expulsar un mínimo de felicidad, de alegría, de descanso.

Llueve, y no hay nadie a mi lado. No hay nadie que me salve de este mar sin fondo que se encuentra debajo de mi abismo. Tanta oscuridad, tanta lluvia, tanto temor y odio...

Llueve, pero llueve dentro de mi,
y no hay nadie que pueda pararlo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Despertar.

Me desperté tiritando. Con tu voz gritándome en la cabeza y tu nombre entre mis labios. Me desperté con la cara empapada, sudor y lágrimas.
Me desperté, y cada vez que pienso en ello, el rencor y el odio recorren mis venas, mi cuerpo y hasta mi respiración.
Oí un "crack". Como si algo se hubiese roto. Quizá era yo, o las ganas que tenía de estampar el despertador con ese "ringg" tan ruidoso y molesto que me despertó.
Me desperté tiritando, entre sudor y lágrimas. Con tu nombre grabado en mis labios, sin poder pronunciarlo a pleno pulmón.

Me desperté y ahí estabas. Pero no te veía. Me estabas mirando con un "lo siento" en los ojos. O quizá no estabas, pero yo te sentía al despertar. Sé que no estabas, pero el ansia de querer verte después de que mi subconsciente manifestara tu voz en mis sueños, y tu olor, y tus ojos, y tu piel, y tu odio y amor... el ansia de querer verte, me hizo creer que ahí te encontrabas, sin que pudiese verte.
Y mientras no te veía, te observaba, con los ojos cerrados y la respiración acelerada. Notaba mis latidos en todo el cuerpo, y deseaba que fuesen los tuyos. Pero al despertar no estabas, y te odio por eso.
Me desperté. Como de costumbre deseando no despertarme, pero me desperté sin querer hacerlo.

En mis sueños te tengo, y no te tengo, y te beso, y te odio, y te digo que te quiero, y me odias, y me quieres, y me dices que lo sientes, y me gritas y me besas. En mis sueños caminas de mi mano, y me miras como si el odio se encontrase en todo tu ser cada vez que me miras. Y en mis sueños estás, y al
despertar desvaneces.
Y me odio y te odio. Me odio al despertar y te odio por no encontrarte cada vez que me despierto. Pero no estás, y yo tampoco estoy.
¿Dónde estoy?
Quizá solo esté en mis sueños,
al igual que tú.

martes, 23 de septiembre de 2014

Llega otra vez el invierno, y el miedo reconcomía
cada hueso de mi interior, mis músculos se quejaban,
tiritando. Pensar que llega otra vez el invierno... me
ponía la piel de gallina.
Llega el invierno. Los anocheceres más tempranos.
Vuelve el frío. Las noches largas. El intentar
acostumbrarme a estar sin ti, a intentar dejar de soñar
contigo.
Aterrada. Atada. Estoy inválida. En una maldita silla
de ruedas mental. No me puedo levantar, y cada vez
me cuesta más seguir girando la rueda para avanzar.
Estoy saltando desde un décimo sin preocupación,
y el vacío será lo siguiente que consiga sentir mi
cuerpo. Estoy en un eterno abismo, ¿nunca llega
el fallecimiento? seguir cayendo me pesa tanto,
que avanza la caída.

martes, 16 de septiembre de 2014

No deseo salvarme, ni quedarme a flote.

Ya no deseo salvarme, ni ser fuerte. Ya no deseo odiarte, ni que vuelvas a cogerme de la mano. No deseo gritarte lo que te odio y lo que te quise, ni cuantísimo me has roto.
Ya no te deseo, ni a ti, ni a mi, ni a la vida misma.
Ya no deseo recapacitar y darme cuenta de que solo se vive una vez, porque cada día es una vida nueva, semejante a la anterior.

No deseo salvarme. Ni hundirme. Ni quedarme sin tu voz y el tacto de tu piel. Tampoco te deseo.
No deseo que me hables, ni que me mires, pero vamos, mírame. Ya no deseo escuchar mi voz rota, ni que tú la escuches. Ni que vengas a suplicarme la paz, porque tú empezaste la guerra entre nosotros, y conmigo misma. Ya no deseo que me rompas un poco más con un "te echo de menos, más de lo que imaginas", ni deseo no verte en cada amanecer.

No deseo despertarme y darme cuenta que la vida es un compás, en el que ninguno conseguimos marcar bien el ritmo, que aleatoriamente se convierte en uno de 2/2, y a continuación de 3/4.

Ya no deseo despertar en primavera y asombrar los colores que se encuentran en esta naturaleza tan contaminada.

No deseo respirar, ni que mi corazón siga latiendo, porque no hay causa aparente para que siga con vida, para que me destroce cada vez que lata, porque ni él me quiere ni yo lo deseo. Y odio sin fin a esa maldita consecuencia, a la consecuencia de que si sigue latiendo, seguiré en vida, pero sin ella.

Ya no deseo despertar y observarme en el espejo mientras me doy cuenda de que mi mirada está más rota que ayer, y que mañana será mucho peor. Ya no deseo mirar mi piel blanquecina, ni mis labios rosados.

Ni si quiera deseo despertar y verte a mi lado, o por las calles de esta ciudad, ya no deseo nada.
No pongo empeño a nada, ni nada me llena, ni deseo que algo lo haga si no eres tú, pero no deseo que lo hagas.

Vete, vete por siempre,
y vuelve, que lo deseo.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Que está cansada de vivir, dijo la vida.

Tengo a la vida cansada, dice que no quiere seguir, que no
tiene nada por lo que sentir, que no vienen tiempos mejores.
Dice que todo es demasiado monótono, y que solo se quiere
emborrachar. Que no puede más, que se ha cansado de
sangrar. Que está rota y nadie lo nota, que se tropieza una
vez más y todo se agota, que no se va a volver a levantar,
que lo intentó y ha vuelto a fracasar. Dice que ella no es
eterna, y que qué más da si hoy se esfuma, así sin más,
que ella misma se abruma. Que no tiene razón para sonreír,
pero tampoco para llorar, y eso le asusta. Dice que su mundo
se inunda, que está moribunda, y que no la levantan ni con grúa.

viernes, 29 de agosto de 2014

No sé cuándo ni cómo, pero me recordarás.

Sonó aquella canción en el radiocasete del coche rojo con el que viajé.
Sonó aquella canción que tan sentimentales nos ponía cada vez que la
escuchábamos. Bajé del coche tan fuerte, como si evitar recordarte
dependiese de ello, o mismamente seguir en vida. Me senté al borde
del primer acantilado que vi. Y te recordé. No sabría decir cuánto
tiempo estuve observando cómo las aguas del mar martirizaban a las
duras rocas, y estas las hacían retroceder. Diría que menos de un minuto,
y más que toda mi vida. Igual que cuando te recuerdo, que quizá parezca
que se para el tiempo y se consume más rápido de lo que creemos.
No, no te quiero. Y tampoco te echo de menos. Ni si quiera sé por qué te
recordé aquella vez, pero lo hice. Pero supongo que en algún segundo de
nuestras atormentadas o deliciosas vidas, recordaremos a todo el mundo.
Y tú, amor mío, no eres menos. Me recordarás sea para bien o para mal,
sea tomando un café con tu prometida, o jugando al póker con un par de
desconocidos. Quizá la fuerte brisa del invierno lleve mi nombre. No sé
cuándo ni cómo, pero algún día me recordarás, como yo te recordé a ti,
y eso me satisface.

martes, 22 de julio de 2014

Fragancia.

No se quien eres, si existes y por qué me enamoras,
no se que sientes, si sufres, si amas o si lloras.
No se quien eres, inventaré tu nombre y será fragancia.

No te vayas, fragancia. Quédate a relatar algún sueño roto.
No te alejes, fragancia. Quiero que camines entre mis rotos.
Y mis monstruos, que conseguirán conquistarte,
no dejarán que huyas a ninguna parte.
Quédate, fragancia, no me desarmes.

Caminaré para ti en la alfombra roja,
y con un corsé negro tu boca será antorcha.
Fuego vivo en tus venas será mi coca,
tu mirada ardiente en las tardes horas.

No me desarmes, ni me ates,
no hagas que me calle pero hazme gritar,
por ti suspirar,
y eficaz será el amor que me darás,
me conquistarás, y al final morirás.

Pero no suspires, encanto,
ven y calma mi llanto.
No sufras, fragancia,
quiero que conozcas mi alma.

Alma que ni yo conozco,
miedo me da, quizá asombro.
Rota, fría, como cristal ausente,
o quizá esté más que ardiente.

sábado, 19 de julio de 2014

Podría inventarte, y curarías este desastre.

No sé quien eres,                                 A veces sé que puedo,
no sé que siento.                                  otras no tengo consuelo,
Quizá sea dolor,                                   pero pienso en ti
y no tengo consuelo.                            y en lo que llevamos dentro.
No sé a quien escribo,                         No sé dónde te escondes,
a veces no sé lo que pienso,                ni si quiera si existes,
tampoco sé por qué,                            quiero inventarte
solo sé que te quiero.                           y compartir las cicatrices.
A veces ni eso,                                     No intentes consolarme,
quizá no sirva para esto,                      el dolor me satisface,
para inventar a alguien                        si no no podría escribir
y reflejarlo entre los versos.                y sería aún más desastre.

Y no pude.

Cogí una bocanada de aire. Respiré profundo. Muy profundo.
Mis latidos se estremecían al paso que aquella canción avanzaba,
sonaba desde el bar de la esquina. Aquel en la que un par de
veces tomamos un café casi solo, con dos de azúcar para mí.
Mis latidos... cada vez más ruidosos, más fuertes y, parecían
que querían estar lo menos distanciados el uno del otro.
Empezó a precipitarse la lluvia, quizá quería hacer más intenso
el momento, o quizá fue un aviso para evitar que te dijese
un "te quiero" de los nuestros, quizá tú me entiendes.

jueves, 17 de julio de 2014

Con la piel de gallina y el corazón ardiendo.

Se estremecían mis manos, temblaban cuando él acercaba las suyas.
Me sentía inmortal, quizá que podría cambiar el mundo con un par
de palabras ocurrentes en aquel mismo segundo, o más bien que me
quedaban un par de segundos en los que mi corazón haría su último
soplido, su último latido y después mi cuerpo se derrumbaría y
no podría continuar en vida.
Agarró mis manos como si inspirar el oxígeno que nos rodeaba
dependiera de ello, fuerte, muy fuerte, quizá más fuerte de lo que
os podríais imaginar. Y me hipnotizó su auténtica fragancia.
Me miró a los ojos, parecía que quería descubrir mi alma a
su antojo más profundo, sus ojos. Nunca antes observé unos
ojos tan bonitos, o quizá era el misterio que había tras ellos,
o quizá el cariño me hacía verlos así.
De repente, se acercó a mi oído y mi cabello acarició su cara
como si se tratase de un muñeco de porcelana, por el viento.
Susurró un "te quiero"de fábula, más suave, frío, caluroso,
más firme y más angustiado, más feliz y más increíble que los
de la mejor película romántica de la historia. A continuación,
-tu pelo-, al principio no sabía que reacción querría que tuviese,
¿tu pelo? ¿a qué se referiría con eso? quizá se le engancharía en
alguna zona de su cuerpo, quizá le molestaba, o quizá... -que bien
huele, perfecto-, con eso lo aclaró todo. Aproximó sus labios
a los míos, podía notar su respiración en mi piel, cada vez se
acercaba más, y más, y más... Cerré los ojos, creí que estaba
en un sueño y que de alguna forma tendría que despertar. Pero no.
Me besó. Le besé. Nos besamos.

martes, 27 de mayo de 2014

Siempre quedarán motivos por los que escribir.

La melancolía de la mano con el dolor
era lo único que habitaba en su interior.
No conocía otra forma de sobrevivir
que no parar de escribir.
No tenía causa alguna su dolor,
o quizá fue que le rompieron el corazón.
¿Cuándo fue la última vez que la vieron reír?
Ni ella misma recuerda tiempos así.

Ella tan rota desde que te fuiste,
se acostumbró a escribir,
como siempre, pensando en ti;
y ahora no es el hecho de que te fueras
el que la tiene así,
quizá se ha acostumbrado
a esa forma de vivir,
esa manía de escribir tan triste, 
y no volver a sonreír.

El insomnio apodera su vida
como tú apoderabas su alma,
a veces no sabe qué sentir,
ni si quiera porqué vivir.
Será porque antes era él
su único motivo de ser feliz,
y desde que se fue
no queda razón para seguir.

Pero si para escribir,
para liberar su alma
de tantos cortes
que guarda el alba,
y ella en su cama,
aquella que nunca 
ha vuelto a compartir,
porque no hay motivos
por los cual entregarla
desde que no estás aquí.


lunes, 26 de mayo de 2014

Si yo pudiese alejarme de mi misma, ¿crees que no lo haría?

-No, no te quedes, te romperé en mil pedazos,
te cortarás tan solo tocarme, ¿no ves todas mis roturas?
Las manos se te congelarán al acariciarme, quizá no pueda
demostrar que te quiero, a pesar que eres al único que he
llegado a querer. Huye ahora que puedes, aléjate de mi,
no quiero herirte a ti también, bastante tengo conmigo misma.

+No, no te dejaré sola. Y si me cortas, así podré entenderte,
y si me enfrías, así podré comprenderte, y si me dueles,
así sabré lo que sientes. No puedo estar sin ti, te necesito.
Podrás ser la chica más vacía que jamás haya conocido,
pero ¿quién podrá llenarme como tú lo haces? Te quiero,
por favor, no me obligues a marcharme, no te vayas,
quédate a mi lado e intentaremos ser felices, podremos hacerlo.

-No lo conseguiremos, no podremos. Es tan difícil que yo
lo sea, ¿no te das cuenta? no puedo ser feliz. Lo siento cariño,
no procedemos del mismo mundo parece ser, podría hacerte
daño, o podría quererte como nadie más lo hará, y todo eso
lo podría conseguir en un mismo día. ¿No me ves? Cariño,
soy inestable, estoy rota, ¿y si mañana dejo de quererte?
¿y si mañana decido irme? o quizá mañana también te quiera,
amor, amor mío, hazlo por ti, por mi, vete, huye de mi ahora que
puedes. Si yo podría huir de mi misma, ¿crees que no lo haría?
Una persona tan rota como yo, ¡ay! Te costaría una vida entera
y más conseguir unir todos los trozos en los que me he partido,
descongelarme, ojalá mi amor, y si lo pudiéramos hacer,
te haría la persona más feliz que jamás haya existido, pero lo siento,
siento tanto ser así, perdóname amor, perdóname y vete.

+Y, ¿por qué? ¿por qué no intentarlo? ahora o nunca, yo te quiero,
te quiero tal y como eres, e intentaré salvarte, y si lo consigo
nada podría hacerme más feliz. Tendré cuidado, lo prometo. Pero,
por favor, no te alejes, no te alejes de mi lado, si no, yo también
me enfriaré, yo también me romperé, y solo seremos dos tontos
que se quedaron en un invierno sin salida, solo por no intentarlo.
Dame una oportunidad, solo una, haré lo imposible para que me
me quieras. Ahora me quieres, ¿no? conseguiré que eso se mantenga,
uniré cada trozo tuyo y formaré uno, dejarás de ser mil pedazos
de frío y cortante hielo, para ser mi amor. Solo una oportunidad.

martes, 20 de mayo de 2014

Se desplomó, no quedaban fuerzas.

Llegó a un callejón oscuro, a penas había luz alguna para
ver que podría vagabundear en él.
No sabía nada, ni cuando, ni como ni porqué se había adentrado
en él, nunca jamás lo visitó, nunca jamás lo había visto ni escuchó
hablar de él en ningún momento de su vida.
Siniestro, oscuro y frío, como su alma.
Se sintió atraída por él, como si una fuerza superior,
más superior que la razón o sentimiento alguno le estuviese arrastrando,
gritando su nombre a través del viento que hacía en aquella noche,
pensó que como había llegado hasta allí, ¿sería la hora de su muerte?
¿quizá en él encontraría la felicidad? o quizá solo era un callejón más
de todos los que había en aquella cuidad.
Se quitó los tacones y comenzó a caminar adentrándose en él. Descalza y
sin ninguna prisa se asombraba cada vez más con lo vacío que estaba aquel
callejón. Se sintió, por una única vez, como si estuviese en casa, en su hogar,
como si aquel callejón estuviese creado única y específicamente para ella,
y a la vez sintió un miedo aterrador que invadía cada milímetro de su clara piel.

Comenzó a sentir pinchazos en los pies, como si miles de cuchillas estuviesen
cortando y haciendo que se desangrara poco a poco. Bajó la cabeza, miró
atentamente al suelo, y este estaba completo de cristales rotos. Eran
diminutos trozos de cristales, cortantes y fríos, en el suelo de un callejón
oscuro. Se asombró. Una fría gota de agua y sal bajó por sus mejillas.
Las piernas comenzaron a tambalear, no tenía a penas fuerzas ni para obtener
el oxígeno que su sangre tanto ansiaba. Se desplomó sobre todos aquellos
diminutos y cortantes cristales. Se situó encima de ellos de la misma manera
en la que lo hacía en las noches de invierno en su cama, o un niño en el vientre
de su madre, o cuando se tiene miedo.
Cada segundo más que pasaba, se cortaba un poco más. Miles de arañazos
invadían sus rodillas, sus pies, sus manos... a cada centímetro de su piel,
mínimamente un arañazo se hallaba.

-¡Hija! Despierta, vas a llegar tarde al instituto.
+Lo siento mamá, ahora me levanto.

Solo fue un sueño, quizá algunos le llamarían pesadilla, pero ella no. Sabía que
nunca podría soñar algo tan bonito como aquello. Soñó con su interior,
con cada herida de sus adentros: el callejón oscuro, frío y con cristales rotos.

lunes, 17 de marzo de 2014

¿cómo fuimos tan idiotas de rompernos? quizá la idiota solo fui yo.

Aprendí a vivir contigo, y claro que cuando te fuiste se me olvidara,
a veces pienso que cómo fuimos tan idiotas de rompernos tanto
si en el fondo nos quisimos como nadie; quizá es que en realidad
fui solo yo la que me rompí, fui solo yo la idiota.
Pero que idiota, que me enamoré de cada uno de tus lunares,
incluso de tus legañas de recién despertado, de las pupilas de tus
ojos o incluso, de tu forma tonta de hacerme sonreír poniendo
caras bobas. Y para no sonreír, si con solo verte nada me podía
quitar la sonrisa de oreja a oreja.

Sinceramente, cada vez que escucho tu voz en mi cabeza, o por
los pasillos, en cuadro paredes, o simplemente escucho tu nombre
pronunciado por alguno de los amigos que tenemos en común,
me dan ganas de que llueva para que así nadie diferencie las gotas
de agua a mis lágrimas.

Muchas veces me cuesta dormir, como de costumbre mi cabeza
no para de recordar tu nombre y el bonito color que tienen tus ojos.
Las veces que duermo, sueño contigo, las otras...las otras ni existen,
porque ni duermo, ni sueño, ni sonrío, solo te anhelo, y mucho.
Ha cambiado todo, menos lo que siento por ti, que te sigo queriendo.
La verdad es que ya ni escucho la música alegre que acostumbrara
escuchar, no, desde que te fuiste han cambiado tanto las cosas,
que ni te lo creerías.

Me suelo prometer a mi misma todos los días que el recuerdo
no volverá a jugarme una mala pasada, a ser una dolorosa tortura,
pero chico, que te veo sonreír y me fallo a mi misma.
Y normal, si recuerdo cuando sonreías al ponerme tonta, o al
decirte, mirándote como de costumbre, a los ojos, un 'te quiero'
tan verdadero que temblaba hasta el suelo.
Aunque ahora el suelo no tiembla, solo tiemblo yo, incluso cuando
no tengo frío. Creo que eras en mi vida como las vitaminas de
un zumo de naranja, que sin ti, ¿para qué sirve? si ni si quiera
me gusta la naranja. Quizá era que simplemente he nacido por y
específicamente para ti, no sé, quizá para estar a tu lado
cuando estés mal y cuando estés bien, para quererte cuando nadie
tenga los cojones para hacerlo y para echarte de menos cuando
nadie lo haga.

sábado, 15 de marzo de 2014

fía, más que el hielo.

              Sin ti hacía frío, aunque fuese primavera,
              o verano,
              aunque hiciese el sol más radiante que
              ojos podrían observar, hacía mucho,
              mucho frío, que hasta asustaba.
              Y aún sigue haciendo frío, creo que
              acabaré congelada en un trágico
              invierno primaveral, sin sus caricias,
              sin que mi pelo se enrede por sus dedos,
              sin su amor y sin él.


martes, 11 de marzo de 2014

vuelvo a escribirte, o a escribirme, o quien sabe.

hola cariño, hoy vuelvo a escribirte para intentar expresar a alguien o a algo,
o dejar que esté dentro de mi, lo que siento, o quizá ni si quiera sepa porqué
te escribo. Solo se que me gusta, aunque sé que no me lees, ni nunca lo harás,
ni si quiera leías mis ojos cuando te pedían ayuda a gritos mientras mis labios
hacían una media luna hacia arriba, solo pedía que me salvaras, pero decidiste
hundirme aún más.

Sé que nunca me mereciste, y que el cielo ahora en los atardeceres de la
primavera tiene un toque rosado, sé que nunca podré olvidarte, pero espero
dejar de quererte, o por lo menos que quererte deje de doler, o que se me olvide
que aún te quiero, no lo sé muy bien, ya sabes bien que mi cabeza son mil pájaros
volando en los días de lluvia, y que aunque esté con los pies en el suelo nunca
dejaré de volar lo más alto que pueda, y ojalá lo hiciese contigo, volar a tu lado.
Quizá sea mejor así, yo soñando contigo y tú soñando con todas, o quizá con
ninguna, aunque ahora eso es lo que menos importa, solo deseo que este dolor
y angustia que siente mi corazón cada vez que palpita y no estás para escucharlo
se acabe pronto, y ojalá más pronto de lo que deseo.
Al final mis peores pesadillas se hicieron realidad, ya no estás a mi lado cada
vez que me tumbo para mirar las estrellas, pero joder, me prometiste que estarías
en todo momento, pero que tragedia que eso solo era una más de tus peculiares
y quizá, hasta bonitas mentiras.

martes, 4 de marzo de 2014

quizá el corazón me odie, por eso no te olvida.

otro día más me desperté, como de costumbre, sin ganas de levantarme
de la cama, con ojeras hasta el suelo de haber escuchado música triste
hasta las tantas de la mañana, me desperté como de costumbre sin ganas
de ver a nadie, simplemente me quería quedar en casa, como siempre.
otro día más abracé la almohada con fuerza, cerré los ojos y vino a mi
cabeza su dulce, dulce mirada; vino a mi cabeza la música celestial
que provocaban sus cuerdas vocales; mi nariz creyó oler el aromático
y fascinante olor de su cabello y sudadera.
otro día más se me inundaron los ojos por una sustancia líquida con un
toque a sal, creo recordar que se llaman 'lágrimas', lo peor de todo
es que esa sustancia no fue provocado por ningún bostezo a causa del
cansancio que acumulaba mi vida, ya que, a veces cuando bostezo se me
ponen los ojos llorosos, pero no, no era de aquellas veces; como de
costumbre, era tu recuerdo, que cada día que pasaba quemaba y pesaba
un poco más.

-Tienes que olvidarle, tía, sabes mejor que nadie que no te merece,
que fue el tío que te destrozó, que te cambió, es por su culpa por el que
ya no puedes o no quieres confiar en nadie, por su culpa ya no confías
ni en ti misma, ya está bien joder, pasa página, vales más que todo esto,
lo sabes- repetía mi cabeza enfadada, pero con un toque de comprensión
y cariño.
-Pero, ¿cómo va a olvidar a la persona que le marcó de por vida? si, al
igual que yo, sabes que no va ha haber otro como él, otro al que querer
con tanta fuerza y por el que dar hasta la vida, sabes al igual que yo
que no le vamos a olvidar, ni tú ni yo, y que por siempre le querré, por
mucho que duela- le transmitía el maldito corazón a la cabeza.

a veces, hasta he llegado a pensar que me odia, hablo del corazón, porque
si por lo menos me quisiera un poco, ¿porqué no dejaría de quererle?
a veces creo que sería bonito dejar de sentir, pero si dejo de sentir, creería
que dejaría de existir, entonces no sería nada, aunque ahora tampoco soy algo.

lunes, 3 de marzo de 2014

quizá haya luchado demasiado, y quizá nunca te hayas dado cuenta.

me desperté temprano porque se me olvidó bajar la persiana
antes de dormirme, fui a mirar el móvil y, me quedé embobada
cuando leí que me había hablado. Me había hablado aquel chico
que conseguía volverme loca, por el que me quedaba mil noches
en vela, aquel que consiguió que le quisiera como a ninguno y que
a su vez me destrozó como nadie.

-Ey Ana, ¿sales hoy?
+Si, claro.
-Bien, ¿te apetece una litrona a la noche? te recojo en el portal.
+Me parece bien, luego nos vemos.

cada vez se acercaba más la noche y cada vez yo estaba más
nerviosa. De repente sonó el timbre y un escalofrío recorrió mi
cuerpo. Bajé. Estaba ahí, sentado en frente de mi portal, en un banco.

-Tengo ya las litronas, ¿vamos al parque de siempre?
+Claro, luego te doy el dinero.

Nos sentamos en el mismo banco, en el mismo parque y, yo con
la misma mirada, aunque él la tenía un poco confusa.

-Eres tan rara, de verdad.
+¿Yo, porqué?
-Porque, después de haberte dejado, después de haber roto con la
otra chica, y ahora que te digo de quedar, ¿no pretendes luchar por mi?
creo que la mayoría de personas en tu situación harían lo imposible
por volver con la persona que quieren, ¿y tú, porqué no lo haces?
+¿Sabes? prefiero luchar cada noche por no llorar una vez más,
prefiero luchar para salir de casa con una sonrisa, luchar para no 
recordarte, para olvidarte, para quererme un poco más. No pienso
luchar por estar contigo, tú fuiste quien decidió que esto se terminara,
quizá lo más adecuado sea que, si tú quieres estar conmigo, luches tú.
Yo ya he luchado bastante por un nosotros en el pasado, si tú quieres,
te tocará demostrar, y esta vez no será fácil.

De repente, me miró a los ojos y decidió hacerme en la cabeza mil líos
con un simple beso, decidió acelerar mi pulso y no volver a olvidar el 
suave sabor de sus labios.

jueves, 27 de febrero de 2014

ahí me quedé, estancada en tu mirada.

y otra vez más volví a volar al recuerdo de aquellas veces
en las que acariciabas mi espalda mientras yo te decía
al oído cuantas cosas quería vivir a tu lado,
me trasladé al recuerdo de cuando me cogías de la mano
y paseábamos por los parques de la zona, cuando nos
sentábamos en los columpios, o cuando me balanceabas,
y ahí me quedé, estancada en el recuerdo de tu piel,
intentando que nunca se esfume tu olor de las sábanas,
gravando tu voz en mi cabeza, ¿porque quién no iba a
querer recordar el sonido más bonito que existe?
y ahora dime por donde tendría que pasear para no
recordarte, que nos besamos en cada farola de los parques,
nos sentamos en todos los bancos posibles y te dije que
te quería en cada centímetro cuadrado que hay de ciudad,
dime a donde tendría que ir para olvidarte, para que salgas
un par de segundos de mi cabeza, para dejar de quererte.

jueves, 20 de febrero de 2014

sabría que no seríamos eternos, pero quería intentarlo.

Parece que hace mil grados bajo cero desde que te fuiste, que ahora
la única manía, (más bien tortura), es la de echarte de menos. Que no
quiero volver a oler tu dulce aroma en mis sábanas, ni volver a ver el
color de tus ojos por cualquier parte de los parques a los que
solíamos ir, no quiero volver a escuchar tu voz en mi cabeza, ni si
quiera quiero quererte, ni odiarte, quiero dejar de sentir, o quizá morir.
Quizá esté viva, pero simplemente es porque mi corazón me odia y
sigue latiendo, aunque, en realidad, esto ni es vida ni es nada, quizá
sea el infierno del infierno, o el dolor de la tortura. Quererte, sinónimo
de tomar sal cuando te estás muriendo de sed, sinónimo de correr mil
kilómetros cuando estás tan cansada que tus piernas hasta tiemblan.
Quererte, que masoca suena, y que doloroso es.
Me pregunté mil veces y más como evitarlo, y la única respuesta que
obtuve fue un silencio escalofriante, que hasta daba miedo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

me dejaste rota.

Más rota que los cristales de las ventanas después
de que pasara un huracán, más rota que los platos
caídos a cien metros de altura, más rota que las fotos
que guardaba en aquel cajón y que no tengo cojones
a quemarlas de una vez, más rota que el cariño que
llegaste a sentir por mi (o que decías que sentías),
quizá más rota que todo lo que pueda estar roto.

Y me he perdido, creo que ya no se ni quien soy,
no me acuerdo ni si quiera de cual es mi color favorito,
aunque se que el de tus ojos siempre me ha encantado
por desgracia, porque no me saco de la cabeza todo
lo que hemos vivido juntos y todo lo que podríamos
haber vivido, pero quizá en el fondo así todo esté 
mejor, tú sin mi y yo sin mi también.
En realidad me has hecho fuerte, pero si me lo has
hecho es por todo el daño que me hiciste, y por todo
el daño que me hace verte y no poder ir a abrazarte
como muero por hacerlo. Quizá no debería hablar de
ti, debería olvidarte de una vez por todas, y que ojalá
tu recuerdo esté presente en mi memoria tan solo el rato
que paso fumándome un cigarro a solas.
En realidad sé que nunca te olvidaré, pero espero que
algún día deje de quererte.
Y recuerda, como yo no te va a querer nadie, sé feliz.
Hace mucho que no me rompo los nudillos por ti, pero eso no
significa mucho cuando me dejaste hecha mil pedazos.
Hace mucho que no recuerdo como sonaba un 'te quiero'
pronunciado por ti, con firmeza y seguridad. La verdad es que
no se tan si quiera si me gustaría escucharlo, porque quizá me
rompa más de lo que ya estoy, a pesar de que creo que eso es
imposible.

su sonrisa con tanta fuerza, y su mirada tan triste.

Ella era una chica fría, en ocasiones un tanto borde, a pesar de que
la mayoría de veces sonreía por mucho que le costaba. Tenía el pelo
marrón, aunque de un día para otro lo podía tener más claro u oscuro
sin haberse hecho nada. De estatura media, quizá 1,70, y de cuerpo
quien sabe, le decían que estaba bien, tirando a delgada pero ella no
se veía así, odiaba su físico. La verdad es que su sonrisa era bonita,
tenía los labios rojos y la dentadura blanca a pesar de todas las veces
que había probado el dulce sabor del humo de los cigarros.
Nadie sabía como era su interior realmente, creo que ni ella misma lo
sabía, incluso a veces dudaba de si en realidad ella misma existía,
la mayoría de veces no se sentía o no sentía nada, aunque tenía
la cabeza bien puesta en su sitio, o por lo menos eso le decían. No se
llegó a creer ninguna cosa bonita que le pudieran decir, para ella su
vida no valía nada, por eso llegó a pensar tantas veces en el suicidio.

lunes, 10 de febrero de 2014

quizá no consiga olvidarte, pero si dejaré de quererte.

Y ahora solo queda tu recuero en mil botellas vacías, las promesas
que me hacías y que nunca cumplías, las manos casi tan frías como
el corazón, y yo, tan rota que ya ni recuerdo cuando no lo he estado.
Nunca llegué a comprender cómo y por qué cambiaste tanto, si por
cambiar, cambió hasta tu sonrisa. Nunca quise entender porqué
lo hiciste, por qué cambiaste, quizá porque no quería saber que
estaba locamente enamorada de una persona que dejó de existir
hace mucho tiempo. Pero al final, es verdad lo que dicen, todo acaba.
Al igual que acabó tu "amor" hacia mi, cambiarán las noches que me
he pasado recordando tu dulce aroma, cambiará en sentimiento tan
fuerte de quererte, desaparecerán mis ojeras, mis ojos rotos, incluso
mis pupilas dejarán de gritar a pleno pulmón tu nombre. Quizá nunca
te olvide, pero si te dejaré de querer. Volveré a ser aquella niña
que ni tú ni nadie le quitaba la sonrisa, volveré a ser feliz.

jueves, 6 de febrero de 2014

Ver como la vida se esfuma en cosa de segundos.

Y llegó la noche, y como de costumbre ella se preparó una taza de café solo y amargo,
casi tanto como todas las noches que ella llegaba a recordar.
Su vida se convirtió en un sin fin de noches oscuras, con música triste en la cama,
como siempre, tan deprimente como levantarse un lunes temprano, o estar sola
en casa un domingo lluvioso.

Hacía mucho que ella no escuchaba los latidos de su corazón, quizá era porque
ya había muerto, o quizá ni le interesaba saber que seguía viva. Quizá seguir
viva para ella era su mayor desgracia, decía que el suicidio en sí era muy bonito,
ver como la vida se esfuma en cosa de segundos; lo decía con tanta seguridad
y con palabras tan firmes y bonitas que hasta hacía que uno se emocionase,
incluso daban ganas de probarlo.

Se tomó su café con mucha rapidez. En el segundo siguiente de dejar la taza vacía
sobre su mesa, miró al techo, se incorporó rápidamente y se levantó de la cama.
Se asomó por la ventana, cada vez un poco más afuera, miró al cielo, y como
ella siempre quiso hacer todo acabó para ella, por fin.

miércoles, 5 de febrero de 2014

vuelve para hacerme olvidar que te fuiste.

Y al final, las noches se convirtieron en una rutina muy dolorosa
desde que no me dices que me quieres; en un sin fin de cafés
amargos con miles de folios donde escribirte. Quizá mi vida esté
destinada a ello, ha echarte de menos cuando no estás, e incluso a
veces cuando estás a centímetros. Quizá mi destino se trate de
tener un sin fin de quererte y sufrir noche tras noche y día tras día.

Te echo de menos, quizá hasta eso se quede corto, pero todo ha
cambiado, hasta yo he cambiado. Día a día me he ido dado cuenta
de que ya no soy la que era, me he convertido en una borde y
fría ingenua, y sí, ingenua por pensar que me podrás querer a mi
por lo menos la mitad de lo que yo te quiero. Pero algún día tendré
que aprender a no mirarte cuando pases por la otra acera de la calle,
o a no pensarte cada segundo que pasa de mi vida, que no es vida.