sábado, 25 de octubre de 2014

¿Qué piensas cuando piensas?

Tranquilo, mis huesos ya se han quebrantado.

¿Qué piensas cuando el humo fluye por el aire de tu habitación? Esos hilos grises que no se pueden atrapar, que parecen inexistentes, pero los ves, los tocas y se esfuman... ¿Qué piensas cuando miras al techo? ¿lo has cambiado de color? sería bonito que hubieses puesto una fotografía nuestra. Aunque yo ya las he quitado todas. Aun así, eso no sirve para evitar martirizarme.
¿Qué piensas cuando miras al cielo? cuando el Sol ciega tu vista... O cuando miras a una farola y aparecen rayos, y círculos de colores, como arcoiris diminutos.

Tranquilo, mi vista se ha nublado.

¿En qué piensas en las noches largas? En las que hace frío, y la nostalgia y la soledad se encuentran en cada parte de tu habitación, cuando se encuentran incrustadas en las cortinas, en los cajones de la cómoda, en la mesa blanca al lado de la pared, cuando te hacen compañía entre las sábanas... Dime, amor, ¿las prefieres a ellas que a mi? Un trío dicen que no está mal, creo que suele gustar, pero ¿has llegado a quererlas? ¿y a mi? Ellas también están conmigo, y lo peor es que me hacen más compañía que tú, incluso a veces me llegan a preguntar que qué tal me ha ido el día, creo que me tienen algo de cariño. A veces, cuando no están, las he llegado a echar de menos, menuda tontería, ¿verdad? pero ya sabes como soy, si no están no podría escribir esto, ahora mismo. A veces creo que no te olvido por eso mismo, cariño, eres mi inspiración. Como mirar el humo gris de mis ducados negro, o como mirar al techo sin verlo, dejar la mente en blanco mientras los pensamientos pasan durante segundos por tu cabeza, uno tras otro, otro tras uno, tú tras tú...

viernes, 24 de octubre de 2014

¿Estás aquí?

Puedo notar aún tu aliento quemándome la nuca. Desde entonces suelo encender velas, y acercarme a ellas. Acariciar sus llamas con la yema de mis dedos. No es igual, pero de todas formas, quema.
Siento aún el viento, que me susurra "te quiero", con tu voz. Con tu voz... No es igual, lo prometo, pero me siento como en casa, como si el viento fuese mi hogar, como si fueses tú.
Puedo notar tus manos en mi cintura, lo juro. Hasta que me doy cuenta que solo son las sábanas suaves, que acarician mi piel intentando ser tus manos, quizá tengan complejo. Prefiero tus manos antes que a ellas, aun así me protegen.
Puedo notar tu mirada quebrantando mis pupilas, rompiéndolas cada vez que las miras, por no soltar un "te quiero tanto..." de esos que sentía. Sí, las sigo sintiendo. Ahora mismo, están a mi derecha, me miran... no quiero mirar, no quiero ver que en realidad no están, que ya no estás, que te he perdido...

Matar a alguien y dejarlo vivir...

Y ves a la víctima, muriendo, tiritando y con los ojos gritando, sin decir nada.

Y me ves. Y pasas la vista por encima del hombro. Después, miras a tus pies. ¿Sientes vergüenza? Quieres ser valiente, lo sabes, lo sé. Pero quizá sea normal que después de haber matado a alguien, no puedas mirarle a los ojos, y ver como están rotos, por tu culpa.
No sabes mirarme, ni hablarme, al igual que yo no sé perdonarte, ni dejar de pensarte.
La sangre que corre por mis venas pide ayuda para salir, tú se la concediste, sí, pero yo tenía miedo.
Abandonar mi cuerpo, mi mente... fluir por un mar donde no hay nada, ni si quiera mar. Un agujero negro. ¿Qué habrá? Suena tan bonito y aterrador, que me pone los pelos de puta. Al igual que en el momento que me mataste. Fue bonito, no lo niego, pero tuve tanto miedo al saber que te perdía... ¿te he perdido? a veces pienso que no, ¿tu alma está conmigo? no la veo... aunque a veces la siento, sí, que raro, ¿no? la siento, te siento, pero no estás, ya te has ido muy lejos, y ni si quiera eres capaz de mirarme cuando paso cerca tuyo, con un paso tranquilo. Ríes, miras al suelo, hablas a tu amigo, haces mil cosas, pero no me miras. Te vuelvo a preguntar, ¿sientes vergüenza? yo también la sentiría si fuese tú, si estaría en tu pellejo. Es tan cruel matar a alguien y dejarlo vivir, tan cruel... que manera más bonita y dolorosa de asesinar a alguien. Estoy asombrada, lo juro, fue tan bonita la manera en la que me mataste...

jueves, 23 de octubre de 2014

Te esperaba, como siempre. Y no estabas.

Que ganas tenía de que sonase aquel ruido tan molesto que perfora mis tímpanos cada vez que se produce, que ganas tenía de que sonase la campana de aquella especie de cárcel de estudios, para salir pitando como si la lava ardiente me estuviese pisando los talones.
Tenía ganas, sí. Me moría de ganas de salir de allí, llegar a casa y verte tan guapo en el banco de siempre.
Al final sonó. Cogí mis libros y los introduje en la mochila, apresurada. Salí pitando de allí, como si llegase tarde tarde a una cita con el diablo. Corriendo. Encendí un cigarro por el camino, y llegué al banco donde te esperaba.
No estabas. Como siempre. Y me sigue asombrando que no estés, como si hubiésemos quedado y yo ya llegase tarde.
Pero como siempre, soñé que ahí estabas, y me volví a confundir. Te imaginé en aquel banco, y te vi levantándote a mi llegada, pero tampoco estabas. Como siempre. Otra vez.

miércoles, 22 de octubre de 2014

El dolor, es el sentimiento que más vivo te hace sentir.

Se despertó por la mañana. Y el frío se impregnaba hasta en sus huesos. Pero ya no era hoy, si no mañana. Mañana por la mañana. Y no quería. No quería...

Se despertó por la mañana, con ansia de que el despertar solo fuese un sueño, no quería que fuese realidad, -otra vez no- decía, -otra vez no...-.
Hacía mucho, mucho frío. Más que en los amaneceres de invierno. O quizá solo ella lo sentía. Tiritaba. Tiritaba... tanto como un hombre con hipotermia. Pálida, pálida, como nieve, como folio en blanco, como algodón. Tenía miedo, mucho, mucho miedo... pero solo a vivir. Nunca le enseñaron, y tampoco aprendió a hacerlo. Le gustaba estar en la cama, mirando al techo. Nunca dijo lo que pensaba. Tampoco quería hacerlo. Era lo más parecido que ella sabía sobre vivir. Y escribir. Y sentirse vacía, y rota. ¿Sentirse? Lo estaba. Pero le gustaba. Ella no quería curarse, no dejaba que la herida sanase. Le encantaba. Porque el dolor, es el sentimiento y la emoción que más vivo te hace sentir.

martes, 14 de octubre de 2014

Otra vez, otra vez, otra vez...

Está nublado,
otra vez.
Y mis ojos desembocan en alguna parte.
Está nublado, otra vez, y vuelve a llover.
Qué bonito este paisaje... y qué melancólico, y doloroso.
Está nublado, y comienza a llover,
otra vez,
al compás de mis latidos.
Y mis latidos gritan tu nombre,
otra vez, otra vez, otra vez...
y de nuevo, nadie lo oye.
¿Quién es capaz de escuchar los gritos de unos ojos?
Y los gritos que se callan...
El cielo truena, y a la vez mi rabia suspira que vuelvas.
Mi rabia truena, mis latidos llueven,
mis ojos son relámpagos sin luz,
y el cielo está nublado, como siempre.

jueves, 9 de octubre de 2014

Llueve.

Llueve. Pero no llueve sobre mojado. Las lágrimas arropan los folios congelándolos de frío. Emborronan y dispersan la tinta que en ellos se encuentra, convirtiendo lo que fue escrito en fantasmas oscuros, de tinta negra. Como almas en vela, en pena, en una condena que nunca termina.

Llueve, pero las gotas no caen del cielo gris, caen de mis ojos acariciando lentamente mi rostro, como si fuese de porcelana. Las gotas saladas caen sobre folios entintados, convirtiendo versos en espíritus malvados y tristes.

Llueve, pero no llueve sobre mojado. Llueve dentro de mi. Humedeciendo, oxidando y corroyendo lentamente cualquier parte de mi interior que aún sea capaz de expulsar un mínimo de felicidad, de alegría, de descanso.

Llueve, y no hay nadie a mi lado. No hay nadie que me salve de este mar sin fondo que se encuentra debajo de mi abismo. Tanta oscuridad, tanta lluvia, tanto temor y odio...

Llueve, pero llueve dentro de mi,
y no hay nadie que pueda pararlo.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Despertar.

Me desperté tiritando. Con tu voz gritándome en la cabeza y tu nombre entre mis labios. Me desperté con la cara empapada, sudor y lágrimas.
Me desperté, y cada vez que pienso en ello, el rencor y el odio recorren mis venas, mi cuerpo y hasta mi respiración.
Oí un "crack". Como si algo se hubiese roto. Quizá era yo, o las ganas que tenía de estampar el despertador con ese "ringg" tan ruidoso y molesto que me despertó.
Me desperté tiritando, entre sudor y lágrimas. Con tu nombre grabado en mis labios, sin poder pronunciarlo a pleno pulmón.

Me desperté y ahí estabas. Pero no te veía. Me estabas mirando con un "lo siento" en los ojos. O quizá no estabas, pero yo te sentía al despertar. Sé que no estabas, pero el ansia de querer verte después de que mi subconsciente manifestara tu voz en mis sueños, y tu olor, y tus ojos, y tu piel, y tu odio y amor... el ansia de querer verte, me hizo creer que ahí te encontrabas, sin que pudiese verte.
Y mientras no te veía, te observaba, con los ojos cerrados y la respiración acelerada. Notaba mis latidos en todo el cuerpo, y deseaba que fuesen los tuyos. Pero al despertar no estabas, y te odio por eso.
Me desperté. Como de costumbre deseando no despertarme, pero me desperté sin querer hacerlo.

En mis sueños te tengo, y no te tengo, y te beso, y te odio, y te digo que te quiero, y me odias, y me quieres, y me dices que lo sientes, y me gritas y me besas. En mis sueños caminas de mi mano, y me miras como si el odio se encontrase en todo tu ser cada vez que me miras. Y en mis sueños estás, y al
despertar desvaneces.
Y me odio y te odio. Me odio al despertar y te odio por no encontrarte cada vez que me despierto. Pero no estás, y yo tampoco estoy.
¿Dónde estoy?
Quizá solo esté en mis sueños,
al igual que tú.