miércoles, 19 de noviembre de 2014

Ven, y acaríciame la piel.

Ven. Ven... Abrázame, no sé. Agárrame la mano y guíame por el camino de llegada a casa.
Ven. Ven... Tócame los labios, no sé, acaríciame el cuerpo sin temor ni remordimientos.
Ven, sí, ven ahora. Cruza tus dedos entre los míos y susurra que aún no te has ido.
Ven, corre. Acércame el aire frío, que me gusta más. No sé. Protégete con mi piel caliente mientras me enfrías. Hagamos un cambio de temperatura los dos, que yo quiero ser como tú, y tú ya estarás cansado de congelar.
Vamos, cariño. Susúrrame un "te quiero" al oído, o algo parecido. Que solo quiero saber que aún no te has ido. O que ya has vuelto. O que siempre has permanecido.
Y dime, cariño. ¿A cuántas palomas has levantado el vuelo? Y a cuántas mujeres la falda... y has acariciado sus cabellos. Sí amor, eres como la poesía, siempre infiel, pero ¿qué se le va a hacer? si aunque no quiera siempre te llevo en la piel.
Amor, bendito amor. Te encuentro en todos los lugares sin verte, y sí, sé que me quedaría sin respiración observar tu mirada, ¿a caso puedes decirme de alguien que se haya atrevido a hacerlo? o a intentarlo, o simplemente a pensar en ello.

                                                                                  Y no, amor. No hablo de ti.
                                                                                                  Hablo del viento.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Hablemos de ti.

Y la Luna está de espaldas, y hoy no te he visto. Mientras, conté los versos que me faltan por escribir sin pronunciar tu nombre, pero lo he escrito.
¡Y qué puta la Luna! Que está de espaldas y yo de frente y no te veo.
Dime, ¿ella te ve? Que alguien me lleve a donde está, que yo también quiero mirarte, y verte dormir, mientras en sueños, sin querer, pronuncias mi nombre en gritos, pero en gritos de amor y sumisos, sin causar daño mas que a tu garganta, la que produce la voz de hogar.

Tu voz... me encantaría poder definir tu voz. Es como leña al fuego de invierno, como el rayo que se cuela por las rendijas de la ventana, en tu habitación a oscuras y que no escuece, si no que te despierta de una forma mágica. Tu voz... como preso que acaba de cumplir su eterna condena, como cuadro antiguo que cada vez que lo miras descubres un color nuevo y gratificante, gratificante... Es tan bonito escucharla, como cascada de agua en la montaña a solas, como la lluvia de un domingo sin la preocupación de pasar frío, porque abriga. Como libro escrito en un idioma que nadie sabe descifrar. Es tu voz.
Y si hablo de tu voz, debo añadir algo sobre tus labios fresa. Si. Esa fruta tan especial, que es la única que tiene las semillas a su alrededor, y no en el centro. Tus labios, como piruleta de corazón. O, tus labios, del color tan intenso como el líquido que recorre mis venas. Si. Si lo pienso así, seguimos estando unidos.
Y si hablo de labios, debería hablar de tus manos porque besabas las mías, o de tus dientes cuando los mordías, o de tu nariz que es quién más cerca está... que envidia tengo a tu nariz, que puede saber cuando respiras por tu boca, que puede oler tu aliento, y sabe lo que pronuncias y lo que callas. Tu nariz, que también me encanta.
Y si hablo de tu nariz, ¿por qué no hablar de tus ojos? Tus ojos... Reflejaban la esperanza en un pestañear, y la ignorancia de saber de que te estaba mirando y susurrando cuánto de te quería. Tus ojos, que demuestran firmeza y un así, siempre quedará este toque en ellos de niño pequeño. Y tus ojos, que estallan universos de color.
Y si hablo de tu voz, de tus labios y tu nariz, si hablo de tus ojos sin hacer juicio, amor, no quiero intentar hablar de ti.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Ten, me cedo.

La ausencia se ha apoderado de mi almohada, y la soledad, siempre me abraza por detrás. Cada vez que me atrevo a mirar por la ventana, la veo a ella tan bonita y delgada, feliz, y doy un paso atrás. No, amor, no te temo. Solo quiero llegar hasta ti sin que me veas. Eso es un juego, y ninguna sabe quién lo empezó. Si, esto es un juego que empieza por mi, y acaba en tu pozo de turrón.
Cada noche, amor, me acuerdo de ti. A veces me encantaría darte la mano y andar sobre el fuego, y sentirme yo también inmortal. Ángel oscuro, ¿cuándo has de salvarme? Te estoy esperando desde hace ya tres vidas y dos mundos, o quizá solo sea así ante mis ojos.

Eres como una niña caprichosa que siempre quiere una chuchería más, 
y yo te la estoy regalando.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Me sobran suspiros cuando faltas tú.

Estoy cansada de no mirar tus ojos. De la tonta costumbre de preparar dos cafés, y que solo se vacíe uno. Estoy en la cama, y no hay pies que rocen los míos. Ya no sé donde dejar las cartas de amor que escribo; ya no está tu ropa doblada para esconderlas por sus bolsillos. Ya no hay ninguna corbata en el picaporte de la habitación a partir de las doce, y la puerta al mirarla, parece vacía y triste. Ahora me sobra medio cigarro de cada uno que enciendo. También me sobran los labios con los que te besaba, y las manos que ahora en invierno se me congelan. Te entrego unos cuantos mechones de pelo que acariciabas, o que cuando me besabas se interponían en nuestros labios por envidia. Me sobran las mejillas si no están en ellas tus caricias. Incluso te daría mi nariz fría desde que no recibo tus besos en ella. Me sobran dos álbumes de fotos, porque ya no sé con quién mirarlos, y reírnos un rato de alguna cara tonta. No me hacen falta el teléfono, si no es tu voz la que suena cuando respondo. Me sobran diez dedos con los que ya no acaricio tu espalda, y dos pies si ya no puedo pisarte. Me da igual que esté la Luna llena si ya no comparto las buenas vistas con tus ojos. Sí. También me sobran los ojos, y me faltan los tuyos.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Te vi reflejado en mis pupilas, pero era de noche.

Y la sombra se ha vestido de negro,
para bailar un vals con Satanás.
Y mi pelo se ha enredado en el viento,
y tu aliento marca su compás.
Y descubrí, que un suspiro
en su pausa comenta
que ya no hay marcha atrás.
Y que mi retina, cada día,
quiere recibirte un rato más.

Pero entonces, te vi reflejado en mis pupilas, pero era de noche. Y el viento me ponía los ojos algo llorosos, y te caíste en el precipicio de mis mejillas frías, sin tus manos ardientes. Y ya no consigo averiguar quién eres, porque llueve, y no consigo encontrarte entre esta multitud de gotas sin alma, sin dueño, frías... Quizá deba esperar a que se evaporen, porque entonces, solo quedarás tú.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Y como siempre, preferimos leer entre líneas.

Mientras, mi mundo estaba lleno
de locura, de amor y tentación,
de pasión y de un toque de
cordura en locos, y no en cuerdos,
mis cuadernos estaban llenos
de sentimientos que
no podían resistirse
a navegar
por la tentación
de las vocales emparejadas,
dando la manos a las consonantes
 tan odiadas y olvidadas.

Las palabras sonaban más fuertes
que tus suspiros,
los que ya no están...
pero los poemas permanecen,
y quiero leerlos.
Leímos un "te quiero" tan cuerdo
que se hace insignificante
ante tu mirar.
Hasta que lees entre su espacio
y quieres buscarle otro sentido,
que te llena de satisfacción...
no como tu aliento
quemándome la nuca,
que incluso algunas veces
me hizo quemaduras 
por el placer de mi cuerpo,
pero solo era eso,
placer en orgasmos insignificantes,
que no tenían motivo más
que el de disfrutar
de una manera
un poco absurda.
Pero encontré algo,
algo...
que producía mayor placer
que el que me besases
las manos, y el cuello, y la espalda...
porque en realidad, aquello solo eran
gemidos,
besos empalagosos
y escalofríos,
piel de gallina.

                                                                                                        Dedicado a L, por aquel sábado.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Y como siempre, uno nace mientras otro muere.

En la ventana hay mil lágrimas que el cielo ha disparado, con complejo de las flechas de Cupido.
Los colores estallan en el corazón, y yo qué sé por qué, si lo veo todo gris.
El cuadro de mi habitación se ha movido, ha cobrado vida para decir que se arrepiente, pero que las pinceladas del autor eran blancas, negras y grises, y que no pudo resistirse a la necesitad de sentirse vivo, aunque sea triste.
El espejo se ha cansado de reflejar a quien antes no era, dice que mi mirada ha cambiado. En eso coincidimos, aunque quizá es un truco del diablo para hacerme rabiar, o de su voz para hacerme pensar.

Lo siento, pero algunas partes de mi ya han muerto, y algunas cobran vida, como en todo, como siempre.

Ya no miro por la ventana cuando el sol ilumina con sus rayos de luz, quizá vaya a quemarme, quizá me haya acostumbrado a estar a oscuras, a ir a tientas...
Creo que su voz ya ni si quiera puede calmarme. ¿Sabes? Hoy he vuelto a soñar contigo, y me encanta, por lo menos sé que en alguna parte te va bien.

Mil veces he pensado ya en desgarrar las cortinas blancas, para dibujar estrellas y pegarlas en la pintura verde de mi techo, quizá brillasen, quizá me hablasen por las noches.
Mi piel es blanca, sus ojos verdes y hacían el convidado de invierno más bonito, y no veas como abrigaba eso.

Ahora, las tormentas ya no mojan, pero arrasan con todo.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Agrio, pero con dulzura.

Él era el caramelo que nadie llega a comprar pero todos han probado, el caramelo que te irrita la garganta con su sabor tan agrio, tan amargo... pero que te llena se satisfacción.
Él era el caramelo que, depende en el tiempo en el que estés, dura un largo o corto tiempo. Cuando lo mantienes en a boca, a ratos no lo disfrutas porque estás ocupado entablando conversación, pero a continuación, su sabor tan incomparable te llama para que lo degustes. Y cuando lo terminas, necesitas otro más, y al final acaba siento una adicción. Pero, de repente, como eres la única que te atreves a comprarlos, dejan de venderlos, y te quedas sin ellos.
Entonces, vas probando otros caramelos: de fresa, de limón, de menta, caramelo... Pero ninguno consigue saciar ni es comparable con ese sabor tan exquisito y placentero que tenía.
Te has quedado sin el mejor caramelo que jamás has probado. Entonces, pruebas otros caramelos, pero ninguno es tan grato como este. Comienzas a pensar que nunca más probarás algo tan exquisito... ni tan si quiera cuando tienes en frete tuyo tu plato preferido, pues se ha vuelto una adicción, una obsesión... necesitas encontrar otra vez el caramelo, que aunque nadie lo sabe, es perfecto para ti.

martes, 4 de noviembre de 2014

Amor.

He deshecho ya la cama, y he colocado pétalos de rosa sobre ella. En la mesilla incienso, con un par de velas. Para ti. Sé que te gusta.
Estás tumbado sobre ella, puedo verte. Me acerco y acaricio tu tez fría de porcelana, de terciopelo. Te quedas dormido, y te miro. Sé que sabes lo que estoy pensando, sé que me estás viendo, pero estás dormido, y yo te estoy mirando. Me sumerjo en tus sueños, y de nuevo, ahí nos encontramos. Te sumerges en mis pensamientos, buscando la habitación más cálida para hacer, los que algunos llaman, poesía de enamorados. Nos encontramos en todos los lugares, pero siempre es cuando estoy a solas. Cariño, cuando te busco en las calles solo eres sombras, no sé si eso debería de asustarme. Te busco en una multitud agobiante de gente clónica, intentando encontrar algo diferente, te busco. Creo encontrarte y te desvaneces, como si fueses humo. Eso me corroe las entrañas. Pero llego a casa, y te veo tumbado en la cama, adormilado, y eso me tranquiliza. No te imaginas la paz que eso me transmite. Acaríciame. Prometo no olvidarte nunca, aunque no sepa quién eres. Y tú, ¿me olvidarás? me jugaría el cuello a que no, amor. Sé que deseas encontrarme por las calles cercanas a tu portal, lo sé. Sé que también estás enamorado, y que también escribes sobre mí. Que me buscas. pero dime, amor, ¿qué ves? ¿son mis sueños, a caso, tu vida? dime si son las calles que sueño, por donde tú danzas y me buscas. Si los dibujos que trazo sobre superficies lisas, sin pretenderlo, sin significado, a caso son recuerdos tuyos. O dime amor, si a caso nos cruzamos en otra vida. Si por eso adoro algunos colores, si nos besamos en invierno, o con el cielo rojizo. Dime amor, si algún día llegaré a encontrarte de nuevo.


                                                                  Adiós, amor. Te veo en mis sueños,
                                                                                       o cuando esté a solas, 
                                                                                             o por algún verso.
                                                                                                                  o, ...