martes, 27 de mayo de 2014

Siempre quedarán motivos por los que escribir.

La melancolía de la mano con el dolor
era lo único que habitaba en su interior.
No conocía otra forma de sobrevivir
que no parar de escribir.
No tenía causa alguna su dolor,
o quizá fue que le rompieron el corazón.
¿Cuándo fue la última vez que la vieron reír?
Ni ella misma recuerda tiempos así.

Ella tan rota desde que te fuiste,
se acostumbró a escribir,
como siempre, pensando en ti;
y ahora no es el hecho de que te fueras
el que la tiene así,
quizá se ha acostumbrado
a esa forma de vivir,
esa manía de escribir tan triste, 
y no volver a sonreír.

El insomnio apodera su vida
como tú apoderabas su alma,
a veces no sabe qué sentir,
ni si quiera porqué vivir.
Será porque antes era él
su único motivo de ser feliz,
y desde que se fue
no queda razón para seguir.

Pero si para escribir,
para liberar su alma
de tantos cortes
que guarda el alba,
y ella en su cama,
aquella que nunca 
ha vuelto a compartir,
porque no hay motivos
por los cual entregarla
desde que no estás aquí.


lunes, 26 de mayo de 2014

Si yo pudiese alejarme de mi misma, ¿crees que no lo haría?

-No, no te quedes, te romperé en mil pedazos,
te cortarás tan solo tocarme, ¿no ves todas mis roturas?
Las manos se te congelarán al acariciarme, quizá no pueda
demostrar que te quiero, a pesar que eres al único que he
llegado a querer. Huye ahora que puedes, aléjate de mi,
no quiero herirte a ti también, bastante tengo conmigo misma.

+No, no te dejaré sola. Y si me cortas, así podré entenderte,
y si me enfrías, así podré comprenderte, y si me dueles,
así sabré lo que sientes. No puedo estar sin ti, te necesito.
Podrás ser la chica más vacía que jamás haya conocido,
pero ¿quién podrá llenarme como tú lo haces? Te quiero,
por favor, no me obligues a marcharme, no te vayas,
quédate a mi lado e intentaremos ser felices, podremos hacerlo.

-No lo conseguiremos, no podremos. Es tan difícil que yo
lo sea, ¿no te das cuenta? no puedo ser feliz. Lo siento cariño,
no procedemos del mismo mundo parece ser, podría hacerte
daño, o podría quererte como nadie más lo hará, y todo eso
lo podría conseguir en un mismo día. ¿No me ves? Cariño,
soy inestable, estoy rota, ¿y si mañana dejo de quererte?
¿y si mañana decido irme? o quizá mañana también te quiera,
amor, amor mío, hazlo por ti, por mi, vete, huye de mi ahora que
puedes. Si yo podría huir de mi misma, ¿crees que no lo haría?
Una persona tan rota como yo, ¡ay! Te costaría una vida entera
y más conseguir unir todos los trozos en los que me he partido,
descongelarme, ojalá mi amor, y si lo pudiéramos hacer,
te haría la persona más feliz que jamás haya existido, pero lo siento,
siento tanto ser así, perdóname amor, perdóname y vete.

+Y, ¿por qué? ¿por qué no intentarlo? ahora o nunca, yo te quiero,
te quiero tal y como eres, e intentaré salvarte, y si lo consigo
nada podría hacerme más feliz. Tendré cuidado, lo prometo. Pero,
por favor, no te alejes, no te alejes de mi lado, si no, yo también
me enfriaré, yo también me romperé, y solo seremos dos tontos
que se quedaron en un invierno sin salida, solo por no intentarlo.
Dame una oportunidad, solo una, haré lo imposible para que me
me quieras. Ahora me quieres, ¿no? conseguiré que eso se mantenga,
uniré cada trozo tuyo y formaré uno, dejarás de ser mil pedazos
de frío y cortante hielo, para ser mi amor. Solo una oportunidad.

martes, 20 de mayo de 2014

Se desplomó, no quedaban fuerzas.

Llegó a un callejón oscuro, a penas había luz alguna para
ver que podría vagabundear en él.
No sabía nada, ni cuando, ni como ni porqué se había adentrado
en él, nunca jamás lo visitó, nunca jamás lo había visto ni escuchó
hablar de él en ningún momento de su vida.
Siniestro, oscuro y frío, como su alma.
Se sintió atraída por él, como si una fuerza superior,
más superior que la razón o sentimiento alguno le estuviese arrastrando,
gritando su nombre a través del viento que hacía en aquella noche,
pensó que como había llegado hasta allí, ¿sería la hora de su muerte?
¿quizá en él encontraría la felicidad? o quizá solo era un callejón más
de todos los que había en aquella cuidad.
Se quitó los tacones y comenzó a caminar adentrándose en él. Descalza y
sin ninguna prisa se asombraba cada vez más con lo vacío que estaba aquel
callejón. Se sintió, por una única vez, como si estuviese en casa, en su hogar,
como si aquel callejón estuviese creado única y específicamente para ella,
y a la vez sintió un miedo aterrador que invadía cada milímetro de su clara piel.

Comenzó a sentir pinchazos en los pies, como si miles de cuchillas estuviesen
cortando y haciendo que se desangrara poco a poco. Bajó la cabeza, miró
atentamente al suelo, y este estaba completo de cristales rotos. Eran
diminutos trozos de cristales, cortantes y fríos, en el suelo de un callejón
oscuro. Se asombró. Una fría gota de agua y sal bajó por sus mejillas.
Las piernas comenzaron a tambalear, no tenía a penas fuerzas ni para obtener
el oxígeno que su sangre tanto ansiaba. Se desplomó sobre todos aquellos
diminutos y cortantes cristales. Se situó encima de ellos de la misma manera
en la que lo hacía en las noches de invierno en su cama, o un niño en el vientre
de su madre, o cuando se tiene miedo.
Cada segundo más que pasaba, se cortaba un poco más. Miles de arañazos
invadían sus rodillas, sus pies, sus manos... a cada centímetro de su piel,
mínimamente un arañazo se hallaba.

-¡Hija! Despierta, vas a llegar tarde al instituto.
+Lo siento mamá, ahora me levanto.

Solo fue un sueño, quizá algunos le llamarían pesadilla, pero ella no. Sabía que
nunca podría soñar algo tan bonito como aquello. Soñó con su interior,
con cada herida de sus adentros: el callejón oscuro, frío y con cristales rotos.