viernes, 29 de agosto de 2014

No sé cuándo ni cómo, pero me recordarás.

Sonó aquella canción en el radiocasete del coche rojo con el que viajé.
Sonó aquella canción que tan sentimentales nos ponía cada vez que la
escuchábamos. Bajé del coche tan fuerte, como si evitar recordarte
dependiese de ello, o mismamente seguir en vida. Me senté al borde
del primer acantilado que vi. Y te recordé. No sabría decir cuánto
tiempo estuve observando cómo las aguas del mar martirizaban a las
duras rocas, y estas las hacían retroceder. Diría que menos de un minuto,
y más que toda mi vida. Igual que cuando te recuerdo, que quizá parezca
que se para el tiempo y se consume más rápido de lo que creemos.
No, no te quiero. Y tampoco te echo de menos. Ni si quiera sé por qué te
recordé aquella vez, pero lo hice. Pero supongo que en algún segundo de
nuestras atormentadas o deliciosas vidas, recordaremos a todo el mundo.
Y tú, amor mío, no eres menos. Me recordarás sea para bien o para mal,
sea tomando un café con tu prometida, o jugando al póker con un par de
desconocidos. Quizá la fuerte brisa del invierno lleve mi nombre. No sé
cuándo ni cómo, pero algún día me recordarás, como yo te recordé a ti,
y eso me satisface.