Llega otra vez el invierno, y el miedo reconcomía
cada hueso de mi interior, mis músculos se quejaban,
tiritando. Pensar que llega otra vez el invierno... me
ponía la piel de gallina.
Llega el invierno. Los anocheceres más tempranos.
Vuelve el frío. Las noches largas. El intentar
acostumbrarme a estar sin ti, a intentar dejar de soñar
contigo.
Aterrada. Atada. Estoy inválida. En una maldita silla
de ruedas mental. No me puedo levantar, y cada vez
me cuesta más seguir girando la rueda para avanzar.
Estoy saltando desde un décimo sin preocupación,
y el vacío será lo siguiente que consiga sentir mi
cuerpo. Estoy en un eterno abismo, ¿nunca llega
el fallecimiento? seguir cayendo me pesa tanto,
que avanza la caída.
martes, 23 de septiembre de 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
No deseo salvarme, ni quedarme a flote.
Ya no deseo salvarme, ni ser fuerte. Ya no deseo odiarte, ni que vuelvas a cogerme de la mano. No deseo gritarte lo que te odio y lo que te quise, ni cuantísimo me has roto.
Ya no te deseo, ni a ti, ni a mi, ni a la vida misma.
Ya no deseo recapacitar y darme cuenta de que solo se vive una vez, porque cada día es una vida nueva, semejante a la anterior.
No deseo salvarme. Ni hundirme. Ni quedarme sin tu voz y el tacto de tu piel. Tampoco te deseo.
No deseo que me hables, ni que me mires, pero vamos, mírame. Ya no deseo escuchar mi voz rota, ni que tú la escuches. Ni que vengas a suplicarme la paz, porque tú empezaste la guerra entre nosotros, y conmigo misma. Ya no deseo que me rompas un poco más con un "te echo de menos, más de lo que imaginas", ni deseo no verte en cada amanecer.
No deseo despertarme y darme cuenta que la vida es un compás, en el que ninguno conseguimos marcar bien el ritmo, que aleatoriamente se convierte en uno de 2/2, y a continuación de 3/4.
Ya no deseo despertar en primavera y asombrar los colores que se encuentran en esta naturaleza tan contaminada.
No deseo respirar, ni que mi corazón siga latiendo, porque no hay causa aparente para que siga con vida, para que me destroce cada vez que lata, porque ni él me quiere ni yo lo deseo. Y odio sin fin a esa maldita consecuencia, a la consecuencia de que si sigue latiendo, seguiré en vida, pero sin ella.
Ya no deseo despertar y observarme en el espejo mientras me doy cuenda de que mi mirada está más rota que ayer, y que mañana será mucho peor. Ya no deseo mirar mi piel blanquecina, ni mis labios rosados.
Ni si quiera deseo despertar y verte a mi lado, o por las calles de esta ciudad, ya no deseo nada.
No pongo empeño a nada, ni nada me llena, ni deseo que algo lo haga si no eres tú, pero no deseo que lo hagas.
Vete, vete por siempre,
y vuelve, que lo deseo.
Ya no te deseo, ni a ti, ni a mi, ni a la vida misma.
Ya no deseo recapacitar y darme cuenta de que solo se vive una vez, porque cada día es una vida nueva, semejante a la anterior.
No deseo salvarme. Ni hundirme. Ni quedarme sin tu voz y el tacto de tu piel. Tampoco te deseo.
No deseo que me hables, ni que me mires, pero vamos, mírame. Ya no deseo escuchar mi voz rota, ni que tú la escuches. Ni que vengas a suplicarme la paz, porque tú empezaste la guerra entre nosotros, y conmigo misma. Ya no deseo que me rompas un poco más con un "te echo de menos, más de lo que imaginas", ni deseo no verte en cada amanecer.
No deseo despertarme y darme cuenta que la vida es un compás, en el que ninguno conseguimos marcar bien el ritmo, que aleatoriamente se convierte en uno de 2/2, y a continuación de 3/4.
Ya no deseo despertar en primavera y asombrar los colores que se encuentran en esta naturaleza tan contaminada.
No deseo respirar, ni que mi corazón siga latiendo, porque no hay causa aparente para que siga con vida, para que me destroce cada vez que lata, porque ni él me quiere ni yo lo deseo. Y odio sin fin a esa maldita consecuencia, a la consecuencia de que si sigue latiendo, seguiré en vida, pero sin ella.
Ya no deseo despertar y observarme en el espejo mientras me doy cuenda de que mi mirada está más rota que ayer, y que mañana será mucho peor. Ya no deseo mirar mi piel blanquecina, ni mis labios rosados.
Ni si quiera deseo despertar y verte a mi lado, o por las calles de esta ciudad, ya no deseo nada.
No pongo empeño a nada, ni nada me llena, ni deseo que algo lo haga si no eres tú, pero no deseo que lo hagas.
Vete, vete por siempre,
y vuelve, que lo deseo.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Que está cansada de vivir, dijo la vida.
Tengo a la vida cansada, dice que no quiere seguir, que no
tiene nada por lo que sentir, que no vienen tiempos mejores.
Dice que todo es demasiado monótono, y que solo se quiere
emborrachar. Que no puede más, que se ha cansado de
sangrar. Que está rota y nadie lo nota, que se tropieza una
vez más y todo se agota, que no se va a volver a levantar,
que lo intentó y ha vuelto a fracasar. Dice que ella no es
eterna, y que qué más da si hoy se esfuma, así sin más,
que ella misma se abruma. Que no tiene razón para sonreír,
pero tampoco para llorar, y eso le asusta. Dice que su mundo
se inunda, que está moribunda, y que no la levantan ni con grúa.
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