La televisión encendida,
no sé ni lo que estoy viendo.
El perro, como siempre,
tumbado en el suelo
esperando a morir,
o a que algo lo mate.
Yo, parecido.
El el sofá medio ronca,
con latas vacías por la mesa,
con una manta que no abriga,
y conmigo que tampoco.
Me duelen las manos.
La cabeza.
Los ojos.
Y esto,
lo estoy escribiendo sin ganas,
y sin ninguna intención.
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